Historia.

Toda mi vida se ha convertido en una carta de suicidio… Letras impregnadas de sangre en mis adentros; pausas entre líneas que no muestran nada en realidad… Fracasos de intentos que en mi mente sonaban real. Desde el nacimiento queriendo volver, y en la infancia no tolerando más, llegó la adolescencia y me adormilé, y justo ahora me siento a llorar… El fin tuvo lugar en el comienzo; solo intenté por intentar… Y cuando alguien lea mis letras, sabrá el dolor que tuve que soportar.

Adiós, adiós a la sangre que me dejó fría, adiós a las marcas de guerra, de vida, adiós al amor que me calentó el corazón, adiós a lo que simplemente quedó…

Nocturnal 3am

Aprende a nadar con ratas… Cuando quería pensar en algo que involucraba mi clara obsesión con la obligación que podría tener un tercero para conmigo solo pensé en la anterior frase, Luego de eso solo pensé que a lo único a lo que le tengo verdadero miedo es a perder eso que me hace sentir un ser humano, esa explosión en el pecho, la calidez de esa palabra de mamá, el ver esa super hamburguesa doble que comía saliendo del trabajo, el dormir junto a esa persona, el estar drogada y sólo poder ver cómo el aire denso pasaba y acariciaba fugazmente las hojas de ese árbol que me hizo aferrar a este destino, el dolor, la pesadumbre, el temblar de frío por la ansiedad de un futuro que me cuesta observar y mucho más labrar, el tener lo que muchos pero carecer de otras más, el no ser suficiente y aún así quedarme negando a los demás eso mejor que supuestamente creo que está allá… Huyo del miedo desde niña y hoy cuando llenaba de veneno la casa sentí como esa niña se desvaneció… Tocaba todo como si mi mente ya no me alejara del supuesto peligro y noté que mi miedo a la muerte era nunca sentir lo anterior y ahora que ya los sentí y lo dolí supongo que ya quedó, amo el dolor del amor, amé el dolor que sentí cuando vi a mi madre en esa caja marrón porque supe que había tenido un amor maternal grande y que me había hecho fuerte y ame el dolor de cuando se rompió mi corazón por el amor caótico y sensorial de las parejas porque supe que lo había olido, saboreado, palpado y el solo hecho de alejarlo un poco era como colocar una serpiente gorda sobre mi cuello.
Cierro los ojos y veo imágenes en mi mente, algunas son del pasado imaginario que posaba para sentirme mejor y otras son situaciones que no conozco, pero que son muy familiares para mí… El mundo se sume a si mismo en el estiércol por ellos mismos producido, el instinto destructivo de las personas es mayor a su instinto de amar, encasillan ese amor en algo tan básico como una pareja y no se dan cuenta que uno ama cosas materiales como abstractas de la misma manera, que el solo hecho de estar acá es una muestra de amor porque la lucha es lo mismo, es una igualdad, el amor te empuja porque es un shot de locura y ánimo de supervivencia, nos arrastra al pasado para no dejarnos morir en el obscuro presente, nos toma y nos lleva al futuro para prevenirnos sobre gente y situaciones que podrían ser desastrosas y nos deja en el presente solo para mostrarnos porque el ser humano después de todo no ha decidido matarse a si mismo…
Somos seres destructivos porque al ser sociales nos preocupa más nuestra individualidad… Y somos seres autodestructivos porque en esa individualidad no vemos la dualidad del individuo que supuestamente nos protegemos de dañarnos pero dañamos lo único que nos ha protegido.

La mejor despedida.

Estoy atrapada en pensamientos oscuros, me toman de la mano y me sacuden, me halan el cabello y me arañan los tobillos; el caos se apoderó de mi alma y la convirtió en infierno, infiernos que viven temblando en las yemas de mis dedos mientras me despido… Espero me extrañen las hadas que me picaron los ojos, espero que los gusanos carnívoros devoren mi carne, espero que de mi corazón ardiente no quede un suspiro, prefiero morir a sentir este frío. La paranoia vacía se come mis músculos, y yo frente al alba deseando un suspiro, que mi antigua yo que no gustaba a nadie salga del sepulcro, que no me deje jamás tocar este olvido. Espero tranquila las seis campanadas, ya no reniego y me limito al dormido, creaciones oscuras salieron al fin, espero huir y no volver a escribir.
Olvido, seré el olvido que llame a tu puerta, que toque la mitad de tu cama medio vacía, seré el silencio que lastiman tus oídos, seré el orgasmo que jamás recuperas.
Lágrima, bajarán y llevarán mis risas, quemarán las mejillas y correrás a lavarlas, desearás no haberte topado conmigo, porque el olor que siempre dejo nunca se escapa.
Te conozco y te veo, lo andas buscando, no puedo hablar ni negar nada, me quedo en silencio esperando una estaca, justo donde estás alojado y perdido.
Luna, he sido al final de los días, ni rastro del rostro que decías amar, ya no tendré nombre al final del camino, ya mis dedos fríos se cansaron de gritar…

Sentido.

Ojos… Qué mi gato arranca y se lleva a jugar a una esquina, mientras tanto yo desganada de la vida, me quedo acostada esperando que los traiga…
Labios… Arañados y rasgados, sangrantes como el vino y mientras espero vacía vienen hostiles compañeros y me arrancan más pedazos…
Manos… Buscando de nuevo sogas, cuchillos, pastillas, cansadas ya de la guerra, escriben su último grito…
Oídos… Escuchando una sola palabra, sordos y a veces perdidos, en busca de cómo silenciar lo que nadie ha dicho…
Piernas… Lánguidas, desanimadas de patear recuerdos malditos, hasta llevarlos de regreso como si de un espectáculo del infierno y de Sisifo me encarnara…
Nada… Abrir mis ojos y ver que la oscuridad me arropaba y con mis labios ya resecos esbozar un grito mudo que nadie escuchaba y mis manos tapando mi boca mientras las lágrimas salían y como océanos salados me ahogaban ya dormida, mientras en mis oídos las fiestas de palabras que un día me dijeron, me dejaron ya marcada, las piernas muertas que no corren para nada, no me dejan levantar y yo ya no intento ninguna hazaña alcanzar…

Medieval

Estuve sentada por largo tiempo fuera de el palacio, justo en la salida de éste y la entrada del bosque, mis ánimos habían estado decaídos, y mi corazón por primer vez después del accidente, se sentía incompleto, ‘algo le falta a la lánguida Néfroda’ susurraba entre latidos, no sé que sucede, durante décadas he estado sola y no me ha importado, pero comienzo a desfallecer, la vitalidad se está perdiendo, ya mi rostro ha perdido el brillo que le caracterizaba y se ha vuelto gris y opaco, el tic tac del reloj acecha mis oídos, cada paso que doy retumba en mi cabeza, el dolor se ha apoderado de mi cuerpo , ahora soy naufraga de la locura y otro ataque de impedimento ha llegado a mi, algo de tranquilidad me invade, es mínima pero me consuela, al menos todo este dolor que estoy sintiendo me hace saber que aún vivo, después de todo aún la sangre circula por mis venas, aunque no me de color ni calor allí está, porque el pasar tantas décadas en soledad, empezaba a dudar de que respiraba aún.
Noches atrás mientras la taza de café caliente rosaba mis labios, imaginaba que lo que era en ese momento no lo había sido antes, que mi cuerpo reposaba ya sin espíritu en algún lugar del palacio, y que lo que yo hacía era no más a causa del no saber que ya había perecido, imaginaba ya los gusanos contoneando sus babosos cuerpos por sobre mis mejillas ya putrefactas, las moscas zumbando en mis muslos apenas en el proceso de descomposición, mi frío y rígido cuerpo allí postrado con ese vestido vinotinto que guardo para aquella ocasión, con mi cabello en ondas más espesas que las del mar, y mis ojos entre abiertos como la luna recién nacida, ¡Que pánico es el seguir viviendo!.