Retorno al cielo.

Cuenta la historia, que un hombre muy acongojado, buscaba la felicidad todas las mañanas, se despertaba, limpiaba su rostro con agua fría, peinaba su cabello y sus ropas viejas colgaba sobre sí mismo, salía y caminaba unos veinte minutos, se sentaba en un parque y comenzaba a reír, una risa perturbada hasta la locura, esquizofrénica. Pocas veces lo miraban, por temor tal vez, la gente pasaba y como si fuese parte de la escena pintoresca y hasta divertida le gritaban cosas vomitivas, otras personas tomaban de la mano a sus hijos e hijas y los arrastraban hasta el otro lado de la calle lejos del hombre desdichado, susurraban que olía mal, que pobrecito, que dónde estará la familia, que por qué nadie le ayudaba, pero ellos mismos huían. El hombre simplemente se reía, todos los días, luego se levantaba, caminaba veinte minutos de regreso, se lavaba la cara con agua fría, se cambiaba sus ropas viejas, caía en su cama como un suave velo de seda y pensaba:

“Qué irónica es la miseria y la locura. Qué irónica la vida humana. Y qué irónico encontrar en esa maraña de ironías la felicidad todas las mañanas.”

 

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